Quería viajar algún lado y me apetecía probar eso de viajar solo. Miré vuelos baratos a destinos aleatorios y me decidí por Fez (Marruecos). El Vueling Barcelona-Fez me costó 80 euros (aunque entre semana se puede volar con Ryanair por la mitad). No miré prácticamente NADA del destino, lo único que hice es hablar con mis amigos Kautar y Coco para preguntarles un par de cosas. La noche antes imprimí información de internet y decidí que ya me la leería en el avión.
Llegué a Fez, cogí un bus local por 4 MAD que me acercó a la ciudad. La Medina quedaba lejos de allí pero tampoco había nadie esperándome. Después de caminar un rato, visitar unos jardines, perderme un poco y declinar la oferta de algún caza-clientes llegué a la Medina de Fes el Bali (lo que aquí llamaríamos el casco antiguo). Es la mayor medina del mundo. Se trata de una zona de más de 9000 calles que forman un complicadísimo laberinto. Se puede accede por cuatro puertas y hay dos calles principales: Talaa Kebira y Talaa Seguira. El resto más que calles son callejuelas: la mayoría estrechísimas, otras sin salida y algunas con pasadizos interiores o escaleras. Un magnífico escenario al cual personalmente sólo puedo comparar (y en menor medida) a la zona de los ghats en Varanasi (India).
Una vez allí decidí explorar un poco la zona. ¡Que locura! Mi sentido de la orientación siempre ha sido horrible pero os aseguro que nadie que no sea de allí puede no perderse. Acepté la oferta de un joven caza-clientes “simpático”, llamado Darshir y me tomé un té con menta en el bar donde estaban sus amigos. Podía seguir perdiéndome a mi aire o aceptar que me hiciese de guía por la medina y dada las circunstancias pensé que sería buena idea. Negocié con él un precio de 100 MAD por sus servicios. Me enseñó el barrio andaluz con su mezquita, la madraza de barrio, el mausoleo de Moulay Idriss y la famosa mezquita Karaouine.
Dos valoraciones al respecto: en primer lugar está prohibida la entrada a los que no sean musulmanes y en segundo que la arquitectura de dichas construcciones queda oculta entre el caos de la medina. Así que no esperéis asombraos. Ese punto me decepcionó. Me sorprendió el poco ambiente que había por la calle hasta que el chico me recordó que era viernes, día de descanso para los musulmanes. Luego fuimos a la parte alta de la ciudad para contemplar las vistas. La medina se cae a pedazos, de hecho muchos edificios están apuntalados con contrafuertes de madera y poco a poco la están reparando. Darshir me explicó que su “tío” tenía un riad (típica casa marroquí con un patio interior) y que alquilaba habitaciones por 100 MAD. Le seguí por un montón de callejuelas hasta que llegamos. Me gustó y decidí quedarme. Por la noche Darshir me presentó a su hermano Abdul y fuimos a la azotea de su casa. Abdul trajo té y buen hash del valle de Ketama. Bebimos, fumamos y conversamos sobre un montón de cosas, descarté la idea de ir a Safrou y me dejé convencer para mañana hacer una excursión con ellos. Con los efectos del hash y escuchando los rezos musulmanes nocturnos bajamos a su habitación a probar los cuscús que había preparado su madre. Después a dormir.

Nos levantamos temprano. El plan era ir a Sidi Harazem, una localidad cercana. Por el camino se nos apuntó Sol, un hombre filipino que también hablaba español. Antes de ir hacia allí pasamos por una tienda-almacén de artículosde piel que estaba junto a la zona donde trabajan las pieles. La vista desde la azotea era muy buena, la lástima que era demasiado pronto y aún no se habían puesto a trabajar.
–
Paramos en varios comercios para comprar pescado, especias y fruta. Cogimos un taxi y recorrimos unos diez quilómetros. Había una plaza gigante con una curiosa y gran estructura de piedra. Y en medio de la plaza, una fuente con agua termal medicinal. Tomé un vaso: caliente y con un gusto raro. Nos sentamos y tomamos té, fumamos y comimos harcha mientras veíamos jugar a los niños y pasear tranquilamente a familias marroquíes.
Luego dimos una vuelta y nos fuimos caminando hasta el campo. Por la zona habían varias familias y parejas cocinando con pequeñas hogueras. Allí se nos unió Ahmed, un hombre de unos cincuenta años que era amigo suyo. Buscamos leña, nos apalancamos junto al pequeño río y comimos sardinas bien especiadas, carne con cebolla, ensalada y fruta. De vuelta a casa la policía secreta atrapó a Abdul (pues para ser guía se necesita una licencia y sin esta es ilegal ejercer de tal) y se lo llevó al calabozo. Yo me quedé en la casa y Darshir siguió con Sol por ahí.
Tanto Abdul como Darshir me explicaron varias veces que cada barrio mínimo había de tener CINCO cosas: MEZQUITA, MADRAZA, HORNO, FUENTE Y HAMMAN(baño). En la mezquita y en la madraza no podía entrar, pasaba de beber de la fuente pero un baño y un masaje si que apetecía.
Esa noche fui el hamman. Entré, me desvestí y mientras el guía me esperaba entré dispuesto a que me bañaran. La entrada valía 10 MAD, aunque si quieres que te bañen y te den un masaje son unos 120 MAD. Los pagué y el hombre me bañó cual niño pequeño, me enjabonó, me pasó por todo el cuerpo un guante áspero y me crujió la espalda. Es una experiencia diferente y vale la pena. Eso si mientras mi cuerpo disfrutaba mi mente estaba preocupada por si desaparecían mis cosas del vestuario, pues me hubiese quedado literalmente en calzoncillos y sin saber volver a la casa. Cosa de ir solo supongo.
Por la mañana debido a una situación complicada decidí pasar la última noche en un lugar diferente. Me decanté por Funky Fez, un albergue con buena pinta y un ambiente típico de lonely planet. Me despedí más o menos del guía y le pague 400MAD para él y su hermano por todo. La última mañana me la pasé entera con Sol, visitando Fes Jdid (la zona nueva de la ciudad donde también se encuentra lo que era el barrio de los judíos). El barrio de los judíos está hecho polvo, cerca hay un palacio del rey al cual no se puede entrar y en la zona nueva hay un centro comercial donde va la gente bien. Por la tarde aproveché la lluvia y el cansancio para escribir un poco y hablar el albergue con diferentes turistas y viajeros. Cené tajine de pollo (un plato típico muy bueno) y me puse la radio para seguir las elecciones.
OTROS:
Destino poco atractivo: Personalmente no la he encontrado una ciudad preciosa ni con un encanto especial. El estado de la medina, la prohibición de entrar a lugares de interés y la escasa oferta de vida nocturna hacen de Fez una ciudad con pocos alicientes a mi entender. Eso sí, si se dispone de más días se puede hacer una ruta por el desierto (que por lo que me explicaron otros viajeros es una experiencia increíble).
Fachadas engañosas: Por la fachada podeis pensar que el edificio es pequeño y una ruina y luego al entrar comprobar lo contrario. Se ve que los musulmanes en este aspecto son “celosos” y menos ostentosos de cara a la galería.
Té: Lo beben a todas horas. Lo sirven con menta y extremadamente caliente -mi teoría es por la calidad del agua-. Está riquísimo y es barato.
Check in online: No os extrañéis si no os lo deja hacer. ¿La razón? Se ve que es por motivos de extranjería. Hay que hacerlo en el aeropuerto.




