De gran extensión y con más de 12 millones de habitantes la capital rusa no deja paso a la indiferencia. Fue un error dedicarle sólo cuatro días pues en Moscú hay mucho que ver.
Las primeras impresiones que uno tiene al llegar son contradictorias; estás y no estás en casa (y con casa, léase Europa). La raza caucásica es la predominante, se alzan numerosas iglesias por la ciudad, el tráfico es ordenado, las normas sociales son parecidas…pero hay tres aspectos que te alejan de la familiaridad europea: la excesiva seguridad, la incapacidad de hablar inglés de los locales y el alfabeto cirílico. Estos aspectos plantean ciertas dificultades al turista aunque con paciencia, un pequeño diccionario y buena voluntad son solventadas.

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