En el camino de Santiago tuve la suerte de conocer a muchas personas que me abrieron su corazón. Agradezco la oportunidad de conocer a tanta gente de diferentes países y de escuchar en primera persona sus historias.
Aquí va una breve enumeración de algunas de ellas:
- Una joven francesa cansada de que tomasen por ella las decisiones sobre su vida.
- Un hombre haciendo un reto solidario: caminar 7.000 kms en un año recaudando fondos para los niños con cáncer.
- Una mujer que llevaba siete años con un ludópata y necesitaba coger fuerzas para tomar una decisión.
- Un joven sudcoreano que no hablaba ni español ni inglés pero se las ingeniaba mejor que yo. Después de acabar el servicio militar encontró buena idea hacer el Camino de Santiago.
- Un (ex) profesor de la Universidad de Cambridge quemado después de trabajar hasta 14 horas diarias.
- Un abuelo vasco (71) que hacía las etapas mucho más rápido que muchos jóvenes. Le apodaron «Gacela 1».
- Una chica austríaca (19) que no sabía a dónde dirigir su vida.
- Un joven húngaro que quería salir de una depresión y recuperar la alegría de vivir.
- Una artista canadiense que se integró en un grupo de peregrinos y desapareció sin dejar rastro. Lo último que supe de ella es que volvió a Canadá.
- Un joven cristiano que hizo el camino en sandalias y rezaba en cada iglesia para aliviar el sufrimiento de la gente del Líbano.
- Un italiano que le encantaba preparar pasta para todos sin pedir nada a cambio.
- Una (ex)consejera de bienestar social de una de las regiones más pobladas del mundo.
- Un brasileño que decidió hacer el camino para decidirse entre dos mujeres y volvió a Brasil en menos de una semana sin haberse decidido.
- Un falso y pícaro intento de «Alexander Supertramp, el protagonista de Hacia Rutas Salvajes«.
- Un sacerdote, huérfano de Medellín, que años atrás -y después de dudar mucho- había decidido aceptar la llamada de Dios.
- Una abogada retirada de Estados Unidos que llevaba nueve caminos. Tenía problemas médicos de corazón. Me dijo que el camino le iba bien para su salud.
- Un profesor que sufrió la pérdida de una alumna suya y llevaba caminando sin parar trece años. Volvía ahora a casa a firmar su jubilación después de caminar casi 30.000 quilómetros como un mendigo.
- Un irlandés que se estaba divorciando de su esposa después de veinte años juntos y aún hecho polvo, tenía la voluntad caminar y pasar página.
- Una madre que había sufrido durante años la ludopatía de sus dos hijos. A uno lo consiguió encarrilar, al otro no. Quería seguir adelante con su vida.
- Un jubilado suizo que había empezado a caminar en Zurich a final de julio. Llevaba tres meses y medio caminando cuando lo conocí.
- Un militar español que ejerció años de alabardero como guardia real. Si, esos que están quietos sujetando una alabarda.
- Un joven alemán con un sentido del humor exquisito que estaba harto de batallar consigo mismo todo el rato. Quería una nueva versión de él.
- Un hombre llamado «Hipólito». Me dio buenos consejos.
- Un contable y corredor de maratones colombiano que estaba muy agradecido con su vida.
- Un conductor de ambulancias divorciado que estaba descubriendo que la vida ofrece un montón de cosas si te atreves a buscarlas.
- Muchísima gente que no dudaba en devolverme la sonrisa, compartir su comida o darme consejos.
- Una versión de mí mismo diferente a la de otros viajes.

Eres un puto Crack. Que la vida te de mucha salud y bienestar
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