China: Gastronomía 

Olvidaos del puto arroz frito tres delicias, los rollitos de primavera y del pollo con almendras. Yo no he visto ninguno de esos platos en casi un mes dando vueltas por aquí. La cocina china es espectacular, probablemente sea una de las cosas más interesantes del país. ​

En primer lugar y antes de entrar propiamente en los platos quiero hacer hincapié en que las mayores diferencias no se encuentran en lo que comen y beben sino en cómo lo hacen. En casa -y cuando digo casa léase Europa- lo habitual es que cada comensal pida sus propios platos. Sí, en España tenemos la cultura de las tapas, en Cataluña comemos calçots y en Valencia se come «en paella» pero no es un hecho habitual compartir la comida en los restaurantes -exceptuando quizás las ensaladas o los entrantes- pero en China se comparte todo.

Un comensal ordena un conjunto de platos de todo tipo (según me explicaron lo normal es pedir un número de platos igual al número de comensales +1) y todos se comparten. Esta costumbre convierte el acto de comer en algo más social y más dinámico de a lo que estamos acostumbrados los occidentales. Algunos platos como los de carnes y verduras son más accesibles para compartir que otros como las sopas y el arroz. Para estos últimos cada comensal suele disponer de un pequeño bol y un plato para servirse. 

El tema de los brebajes es otro asunto. En casa solemos acompañar siempre los platos con algún tipo de bebida, en China no es así. Aunque tampoco es que nunca beban…a veces simplemente sacian su sed con los caldos de las sopas y otras beben el agua caliente que sirven los camareros antes del papeo.

Si se trata de cenas o celebraciones TODO cambia. La forma de beber alcohol en China es destructiva. Durante la cena los comensales pidan cerveza o vino y se los sirven en vasos. La función empieza cuando alguno de los presentes profiere un grito que suena algo parecido a «gambé o gambei» -cuya traducción literal es vaso seco- y en ese momento todos deben vaciar sus respectivos vasos de un solo golpe. Estos se vuelven a rellenar y vaciar cada vez que alguien pronuncia esa terrible palabra. No sé la cantidad máxima de cerveza que puede ingerir una persona durante una cena pero los chinos rozan el límite. Ya os podéis imaginar cómo se sale del restaurante después de una cena de celebración.

Ahora hablemos de sus cubiertos, sí, los palillos. 

Si valoro sólamente la estética, los palillos ganan por goleada a nuestros tenedores y cuchillos. En cuanto la practicidad, si bien los palillos se adaptan a la perfección a la cocina oriental, no son aptos para la occidental. Por el contrario el tenedor y el cuchillo son ambivalentes. En el aspecto ecológico nuestros cubiertos son más sostenibles. Así que en términos generales mi conclusión es que el cuchillo y el tenedor son mejores que los palillos. Las cucharas no entran en la disputa pues son un invento universal.

La educación en la mesa varía mucho de la actual de occidente: eructar, escupir, fumar en espacios cerrados y otro tipo de conductas  están permitidas. Lo único que no hay que hacer es clavar los palillos en los platos de arroz.

La cocina china tiene diferentes escuelas pero en Pekín hay restaurantes de todas ellas. No soy un entendido en gastronomía pero os puedo asegurar que en China se come muy pero que muy bien: baratos y tiernos noodles de harina o arroz servidos en cuencos de sopa, montañas de vegetales hervidos o salteados, excelentes creppes y pinchitos callejeros, sabrosas carnes, empanadillas rellenas cocinadas al vapor y el espectacular Hot Pot.

Mejor dejo que las fotos hablan por sí solas.

Con el Hot Pot haré una excepción porque es algo excepcional. Se trata de un cacharro en el que se sirve agua y se enciende carbón para que esta se mantenga hirviendo toda la cena. En la parte superior del objeto hay dos zonas divididas: la normal y la picante. En ellas se vierten -al ritmo que los participantes marquen- un conjunto de ingredientes que se ordenan con anterioridad: carne, marisco, diferentes verduras, setas…. Esta experiencia gastronómica es más que recomendable.

Notas
:

Postres
: Brillan por su ausencia.

Pato pequinés: A pesar de ser el plato emblemático de la capital China, no lo probé pues no surgió la ocasión. Siempre es bueno dejarse un motivo para volver.

Salchichas en puestos callejeros: Las suelen vender en cualquier sitio y a pesar de no tener mala pinta es mejor abstenerse de probarlas. Son repugnantes y ignoro de que animal proceden…

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