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Fueron diferentes razones las que nos empujaron a decantarnos por el Interrail de nuevo. Lo que estaba claro es que duraría más días y llegaríamos más lejos que en la RUTA 3. Los miembros de esta RUTA fueron: Andreu, Marc C, Albert M, Marc M y yo.
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La RUTA elegida fue BERLIN- PRAGA- CRACOVIA – BUDAPEST- PAG (CROACIA)
La preparación fue prácticamente nula, sólo compramos vuelo hacia Leipzig , reservamos albergue en Berlín y enviamos un mensaje a una amiga polaca de Albert para que nos acogiera (todo unas dos-tres semanas antes). De hecho compramos el billete de interrail tres días antes de salir y durante el viaje nos dimos cuenta que nadie se había informado prácticamente de nada.
Antes de empezar la crónica de Berlín os explicaré la regla que rigió prácticamente todas las comidas del viaje: CUADRAR EL EURO
Cada persona dispone de UN EURO (aproximadamente) para comer. Aunque puede gastarlo de la forma que crea más conveniente, los precios de los supermercados obligan a alcanzar pactos con los demás para poder acceder a embutidos, paté, chocolatinas o salsas… Podemos asegurar que siguiendo esta regla NO SE PASA HAMBRE. Eso sí, conlleva a perpetrar infames traiciones.
BERLIN
La RUTA empezó con un vuelo tranquilo de Barcelona a Leipzig -el billete era más barato que a Berlín-, allí validamos nuestro billete para llegar a la capital alemana. Llegamos a Berlín, dejamos las mochilas en las taquillas de la estación (esa noche la pasaríamos al raso) y empezamos a explorar la ciudad. Pasemos por la zona del BUNDESTAG y del imperial REICHSTAG, de hecho, hicimos cola en una oficina cercana para poder visitar al día siguiente gratuitamente la cúpula de este. Yo apostaba por reservar turno a las 12.00 pero finalmente el grupo apostó por ir mucho más temprano… Proseguimos nuestro recorrido hasta llegar a la famosa Puerta de Brandeburgo, dónde había reunida una muchedumbre en un plan asambleario como en Sol.
Atardeció y con la comida comprada decidimos que la antigua Universidad de Humbold era buen sitio para plantar un pinito y cenar tranquilos. Aprovechando que estábamos allí, la exploramos. No es muy impresionante pero como curiosidad, por allí pasó Einstein, Marx o Schopenhauer. Además las puertas de los pasillos son automáticas.
Después de cenar, sin sitio dónde dormir y con mucha energía, ya solo podíamos hacer dos cosas: beber y salir de fiesta. Nos fuimos a ALEXANDERPLATZ y tal como nos habían dicho, había ambiente. Nos tomamos unas copas, conocimos y nos echamos las risas con Francesco, un risueño y borrachín vagabundo . Rato después salimos corriendo de allí, cogimos un taxi y fuimos a MATRIX, una conocida discoteca que abre todos los días de la semana. Ya amaneciendo volvimos a Central Station a coger los sacos de dormir y montamos campamento en un parque colindante. Dormimos muy bien pero obviamente ni el tato se levantó a las 9.00am para ver la cúpula del Reichstag. Por la mañana nos dirigimos al albergue que habíamos reservado, el A&O Berlin, un más que decente albergue barato (10 euros noche) pero bien conectado con metro en Friedrichshain. Aunque el barrio es muy tirado, y está lleno de artistas, yonkis y punkis, tiene su encanto.
Al levantarnos aprovechamos para recorrer la EAST SIDE GALLERY, un tramo del Muro de Berlín, reconvertido en 1990 en una hermosa galería de arte al aire libre. Y luego al famoso Monumento al Holocausto. No soy un entendido en arte pero lo encontré muy original. Después cenamos, tomamos una cerveza por ahí y a dormir.
El último día en Berlin lo queríamos dedicar a ver la ISLA DE LOS MUSEOS. Ese agosto era el último mes antes de la actual restauración del Altar de Zeus (que durará unos cinco años), así que era casi obligatorio empezar por el MUSEO DE PÉRGAMO. Fue una pésima idea; TRES HORAS DE COLA! Suerte que hacía buen día. Quitando el Altar de Zeus, la Puerta de Babilonia y la puerta del mercado romano de Mileto, el museo no nos dijo mucha cosa. Pero ya era demasiado tarde, los demás museos serían para una futura ocasión.
Paseamos un rato por un parque, vimos el moderno centro comercial de POSTDAMER PLATZ, cenamos y salimos de marcha. Nos tomamos unas copas en unas mesas en Alexanderplatz. Teníamos tres opciones: Berghain, Weekend o Matrix. Descartamos Berghain por el ambiente y su dificultad para entrar. No nos dejaron entrar en Weekend, así que no quedó más remedio que volver a Matrix.
PRAGA:
Unas horas de tren y llegamos a la capital de la República Checa. Deambulamos por allí en busca de un alojamiento barato y encontramos por las afueras varios campings particulares a unos 6-7 euros por noche. Nos duchamos, cuadramos el euro y a dormir.
Nos levantamos pronto dispuestos a ver toda Praga. Fuimos primero a la Plaza de la Ciudad Vieja y justo allí se estaba organizando un Free Tour ,es decir, una visita guiada por la ciudad por la que sólo se paga la voluntad al final. Era en español, por la mañana y por la zona que estábamos viendo así que resultó fácil interpretar la Providencia. Duró varias horas; entre otras cosas visitamos el famoso Reloj Astronómico (muy complejo y con una historia apasionante), el Teatro Estatal y la estatua de Mozart (una escultura de Anna Chormy en honor a la opera Don Giovanni que me atrapó por completo). También la estatua de Kafka, el barrio judío con su cementerio, la sinagoga española y la sinagoga Vieja-Nueva (dónde según la leyenda se encuentran los restos del Golem). Por último visitamos la Plaza de Wenceslao y la Torre de la Pólvora. Nunca antes había hecho un free tour y la experiencia fui muy satisfactoria. No sólo vimos mucho sino que además las explicaciones fueron interesantes y entretenidas.
Comimos y proseguimos hacia la otra parte de la ciudad atravesando el río Moldava hacia la Ciudad Pequeña por el encantador y antiquísimo Puente de Carlos. Recorrimos la zona medieval hasta llegar a la parte de arriba dónde se encuentra el Castillo de Praga y la Catedral de San Vito, además de eso hay unas vistas preciosas. Para finalizar la visita fuimos a la Torre de Petrín (un mirador con un aire a la Torre Eiffel, al que se puede subir por un módico precio y observar unas vistas increíbles) y dimos un paseo por sus jardines. Luego vuelta al camping, cuadrar el euro y a dormir. Amigos, colegas y familiares me dijeron que era una ciudad preciosa. Lo corroboro. Me encantó, la encontré encantadora.
Después de unas cuantas horas en borregueros, llegamos a Cracovia. Allí nos reunimos con Monika, la amiga polaca de Albert. Nos llevó a su casa, nos instalamos y cenamos. Luego vinieron Ania y otra amiga de Monika, sacamos unas botellas y estuvimos copeando antes de salir de fiesta. Seguimos bebiendo por varios bares del centro, nos reunimos con más gente y entramos en algunas discotecas subterráneas. Recuerdo reír mucho, perdernos, el pezzo de Alexandro, la traición del kebab y la enorme capacidad de beber de las chicas polacas.
Nos despertamos con el desayuno y el plan hecho. Dimos una vuelta por el centro, cogimos un bus, caminamos mucho y llegamos a las famosas minas de sal de Wieliczka. Compramos las entradas, comimos y visitamos las minas. Quizás fue porque no teníamos un plan mejor, quizás porque nos importaba muy poco o quizás fue por la tenacidad de Monika pero unas pocas horas después de despertarnos estamos vestidos de mineros a muchos metros bajo tierra, recorriendo las minas riendo como maníacos. Antes de cenar fuimos a comprar los tickets para el trayecto y la visita guiada a Auwsvitch. Cenamos sentados en el suelo una especie de bocadillos buenísimos en una caseta callejera y nos fuimos para casa.
Nos levantamos y fuimos al punto acordado con la empresa para que nos llevaran hasta Auswitch – Birkenau. Los visitamos a pleno sol, sin comer y formando parte de uno de los centenares de grupos que estaban allí para contemplar los horrores del tercer Reich. En la Ruta 3 habíamos visitado el campo de Dachau pero siendo franco no me afectó mucho, pues siempre he tenido una visión crítica del tercer Reich alemán. Esta vez me pasó todo lo contrario. Los barracones, las vías de tren, las montañas de pelo humano, las cámaras de gas, todo ello acompañado de unas explicaciones muy detalladas hicieron mella en mi persona. El ser humano a llegado a cometer atrocidades de las que nos sentiremos avergonzados durante miles de años.
Volvimos a la ciudad, comimos unas empanadillas típicas polacas, subimos a la zona del Castillo de Wawel , visitamos otro monumento en recuerdo del holocausto, paseamos junto al río Vístula y corrimos bajo la lluvia volviendo a casa. No puedo decir que Cracovia sea la ciudad más bonita ni la más interesante que he estado pero se come bien, es barata y junto a ella se encuentra un recuerdo de lo terrible que puede llegar a ser el ser humano.
Salimos al día siguiente dirección Budapest, la capital de Hungría. Llegamos y buscamos un camping cercano donde poder plantar el campamento. Una vez instalados ya era momento de empezar a recorrer la ciudad durante dos días. No me acuerdo el orden en que vimos la ciudad pero nos gustó prácticamente todo. La Plaza de los Heroes tiene unas esculturas geniales. La Avenida Andrassy tiene casas y palacetes en los que molaría vivir, el Danubio es enorme, ¡creo que es el río más ancho que he visto nunca! El Parlamento es una maravilla del siglo XIX, la Isla Margarita (o Isla de los Conejos) es un buen sitio para pasear y tomarse algo. También vimos la Basílica de San Esteban y las murallas de la parte alta que tienen un rollo a Disney muy chulo. Un sitio estupendo para ir con pareja. No me importaría volver.
Como anécdota contaros que un supuesto revisor de transporte público nos pilló sin billetes y nos sugirió un soborno. Después de plantearnos las diferentes opciones, decidimos pagarle 10 euros por cabeza y olvidarnos del tema.
Y como dato anecdótico, nos sorprendió (y alegró la vista) que en Budapest hubiesen tantas mujeres con unas tetas enormes. Meses después descubrí que es la capital europea del cine porno.
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Un par de trenes, unas cuantas horas y ya estábamos en Zagreb, la capital croata. Allí parecía que no había nada que ver. El plan teórico era visitar el Parque Natural de los Lagos de Plitvice e ir a la isla de Pag, uno de los puntos con más fiesta de Croacia. Nadie se había informado de nada y en la estación nos atendieron fatal. Al parecer la ida y vuelta a Plitvice en autobús y la entrada nos costaba 80 euros (me enteré meses después que se puede hacer por mucho menos) y la ida y vuelta a Pag por 35 euros. Resulta que no podíamos llegar en tren pero nadie se había informado al respecto.
Decidimos olvidarnos de Plitivice e ir a PAG en busca de grandes fiestas. Llegamos por la noche y en diferentes buses. Recorrimos parte de la isla hasta encontrar algunos campings. Encontramos dos pero estaban llenos y nos dijeron que esperásemos hasta mañana. Mochilas a la espalda y después de un rato buscando decidimos dormir al raso, cerca de una carretera y debajo de un cielo estrellado.
Por la mañana volvimos y plantamos campamento en el camping Strasko, probablemente uno de los mayores y mejores de Europa, aunque barato no era. La playa era de esas delgadas y sin arena, toda llena de esas piedras que te dejan la espalda hecha polvo. Las cuatro noches que estuvimos en el camping fueron similares: hacer el perro, cuadrar el euro, cargar móviles en los baños para chupar wifi, beber y ¡SALIR DE FIESTA!. La isla tiene una zona enorme de ocio nocturno. Un montón de discotecas y pubs tanto interiores como open air delante de la playa. Lo malo básicamente es el AMBIENTE; 8 tíos italianos por cada dos tías. Sin embargo fueron noches bastante épicas.
La vuelta salió increíblemente bien: volvimos en autobús hasta Zagreb, dormimos en la estación de tren y a partir del día siguiente empalmamos trenes durante treinta y cuatro horas hasta llegar a Portbou. Pasamos por Croacia, Austria, Suiza y Francia. Recuerdo el paisaje increíble (rollo Heidi) entre Austria y Suiza.
OTROS:
CROACIA: Pinchamos en elegir Pag, probablemente hubiese sido mejor ir a la zona de Pula y las islas Brioni. Me queda pendiente Plitvice, una lástima no haber ido.
APLICACIÓN MOBIL: Funciona genial, un gran invento sin duda.
PRESUPUESTO TOTAL (18 días): 850 euros!
AGRADECIMIENTOS:
A Monika, por acogernos en su casa, guiarnos y enseñarnos Cracovia.









