Estaba claro: Cataluña 2010, España 2011, EUROPA 2012. Siempre habíamos querido hacer el famoso interrail (el antiguo kilométrico) así que no hubo discusión sobre el tipo de RUTA. Se trataba de un viaje estrictamente mochilero así que ni podíamos ser muchos ni muchos estaban interesados en venir. Finalmente fuimos 5 (Andreu, Marc, Bernat, Claudi y yo).
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Hicimos varias reuniones sólo para elegir la duración, el tipo de billete, y el recorrido (esa fue toda la preparación del viaje, exceptuando la reserva de una noche en un albergue de París). Decidimos coger el billete Global Pass (5 días de viaje durante 10 días por unos 170 euros aprox.). Lo que generó más discusión fue el recorrido. Sólo tendríamos 10 días y no queríamos coger ningún vuelo así que había que ser realistas a la hora de elegir.
Acordamos: BCN-PARIS-AMSTERDAM-MUNICH-BERNA-BCN
TERRASSA – CERBERE (FRANCIA):
Quedamos por la tarde, hicimos una compra en un supermercado, mochilas a las espaldas y primer tren Terrassa-Barcelona (el billete de Interrail NO es válido en el país de origen así que hasta llegar a Francia no lo podíamos validar). Justo al llegar a Barcelona empezó la aventura: Bernat se olvidó su barra de pan y los palos de la tienda de campaña (nuestro supuesto refugio durante todo el viaje) en el tren. Y eso no fue todo, a esa hora ya no habían más trenes que llegasen a Francia.
¡Nos habíamos quedado sin tienda y sin transporte hasta Francia sólo 1 hora después de empezar la ruta! Nos planteamos volver a casa y esperar el día siguiente pero hubiese sido demasiado vergonzoso. Cogimos un tren hasta el último (o primer) pueblo de Cataluña: Portbou. El trayecto nos costó unos 12 euros con Carnet Joven y duró unas 3 horas.
Llegamos de noche a Portbou y empezamos a preguntar como podíamos llegar a Cerbere, el primer pueblo francés. El primer tren salía por la mañana pero eran las 22.00 aproximadamente y implicaba dormir en la playa haciendo vivac. También había un servicio de taxi particular pero no nos cogieron el teléfono. Nos apalancamos en la playa y preguntamos a diferentes personas formas de llegar (aún no había llegado el 3G a nuestros móviles). Teníamos tres opciones:
- Subir caminando por la carretera y rodear las montañas o coger un atajo por ellas.
- Seguir las vías del tren por los túneles hasta llegar al pueblo.
- Dormir en Portbou y coger el primer tren.
Después de una discusión en la playa, decidimos aventurarnos por la carretera. Mochilas a la espalda, adrenalina y al cabo de media hora, la moral bien alta. Justo ese verano hubo los incendios de Portbou así que vimos los restos de los árboles quemados.
Estuvimos rato caminando y por fin, delante nuestro: la FRONTERA FRANCESA! La cruzamos sin ningún problema, básicamente porque no hay nadie vigilando ¡bendita UE! Seguimos caminando…Finalmente, desde arriba de la montaña vimos Cerbere iluminada y escuchamos música. Nos imaginamos que habría algún festival o algo interesante.

Después de un largo descenso llegamos a ese pueblecito. Había un pequeño escenario con un dj, cuatro barras y un ambiente pobre. Nos dio lo mismo, sacamos una botella de Koranoff, tomamos unas copas y nos quedamos por allí. Las barras no tardaron mucho en cerrar y la música al cabo de un rato la apagaron. Pero daba lo mismo, estábamos eufóricos por nuestra gesta, por el inicio de la RUTA y no sólo eso, habíamos conocido a un negro de unos 40 años llamado Martin con una historia de lo más curiosa. También había otros jóvenes por ahí trasnochando.
La noche siguió… recuerdo colarme en varios barcos con Marc, recuerdo como defendimos a Martin (como si nos importase) de un racista borracho y recuerdo como embauqué a Andreu para meternos en un coche de una pareja – que acabamos de conocer- para ir a Perpiñán (a 50km) para buscar una fanta de limón. No explicaré del todo esa noche pero fue loca, estúpida, divertida y muy peligrosa. A punto de salir el sol nos fuimos a la estación de tren, validamos los billetes y nos metimos en un tren.
Cerbere – París:
De Cerbere a Perpiñán y de Perpiñán a Avignon. Allí preguntamos para llegar a París. Una francesa estúpida nos dijo de malas maneras que teníamos que coger varios trenes más y llegaríamos de noche. Estábamos cansados, prácticamente no habíamos dormido y teníamos una noche reservada en un albergue en París…
Sin embargo había otra opción: coger un TGV, pagar un suplemento de 30 euros y llegar a París en 3 horas. Eso hicimos. No todos los trenes están incluidos con el billete de interrail, hay algunos de alta velocidad, nocturnos o especiales que cobran un suplemento.
París:
Nos habíamos gastado la pasta, pero llegamos a París temprano. Teníamos todo el día por delante. El albergue era horrible y caro (casi 20 euros por noche). Friends Hostel. se encuentra cerca de Montmartre, pero el dormitorio era una única habitación con unas 20 camas (en literas de 3 plantas), la habitación olía a sudor. El minúsculo baño inundado de agua con pis… No soy de los que se quejan de los alojamientos pero este es la excepción.
Un día en París sin parar da para mucho: Notre Dame, comer una baguette con embutido justo enfrente, pasear a lo largo del Sena y atravesar el puente de los candados, reírse de la mierda de playa que tienen los franceses en dicho río, ir al Louvre pero sólo para verlo por fuera y remojarse los pies en sus estanques, (hacer la cola, entrar y verlo bien hubiese requerido un tiempo que no teníamos), caminar por los Campos Elíseos hasta el famoso arco de Triunfo, ver la Torre Eiffel y hacerse mil y una fotos…. Aunque yo no, la mayoría ya había estado en París con sus así que querían llegar pronto a Ámsterdam, la parada estrella de esta RUTA. Ningún problema.
Esa noche devoramos cual bestias unos sándwiches, acabando nuestra reserva casera de embutido y nos fuimos a dormir. Por la mañana nos enteramos que esa noche alguien había abierto la mochila de Claudi, le había robado el efectivo y había dejado su cartera tirada por el suelo de la habitación. HIJO DE PUTA. Pateamos y escupimos la mochila del presunto culpable (que no estaba en la habitación en ese momento), maldijimos París, Francia y un montón de cosas. Salimos del albergue con la misión de encontrar alguna tienda para comprar palos de tienda de campaña. Probamos en varios sitios pero no hubo suerte. Nos fuimos a la estación y volvimos a pecar de ansiosos: pagamos 20 euros por un tren rápido a Bruselas. Allí hicimos una parada técnica de un par de horas, paseamos y estuvimos en un parque. Luego otro tren y directos a Ámsterdam en hora y poco.
Ámsterdam:
Primer día
Llegamos por la tarde Central Station, fuimos a un supermercado a buscar algo de cena, pedimos los horarios para ir a Munich días después y esperamos a que parase de llover. Dejamos las cosas en las taquillas de la estación. Sin tienda de campaña no tenía sentido buscar un camping a esas horas y pagar un hotel no era una opción
Con las mochilas guardadas y cenados era el momento de empezar a pensar en la noche de fiesta que nos esperaba… Nos tomamos unas copichuelas y salimos a explorar la ciudad. Esa noche pasamos brevemente por el famoso Barrio Rojo, fuimos a un Coffee Shop y de pubs. Me sorprendió que los cofees shops no vendieran alcohol. ¡Allí se va a fumar! Otro detalles es que no se dejan tomar fotografías dentro del local. Por lo que vimos, la hierba no es precisamente barata, claro que supongo que los controles de sanidad y los impuestos hace que se encarezca… ¡Vaya, como debería ser en cualquier lugar!

Volvimos a las tantas a Central Station, y fue una noche muy dura. Nos echaron de la estación por estirarnos a dormir y luego un hispano nos provocó. Volvimos a entrar y un rato después nos volvieron a echar. Dormimos en la calle delante de la estación. Salimos a las 8 de la mañana de la estación con las mochilas puestas en busca de unos palos o una tienda de campaña nueva. Agotados, con sueño y cabreados deambulamos por la ciudad sin rumbo. ¡Hasta se puso a llover! Bernat confiaba que encontraríamos una tienda, otros simplemente odiaban su optimismo. Y justo en medio de una discusión, la divina Providencia nos condujo a una tienda de deporte que tenían tiendas de campaña baratas al 50%. Creo que esa fue la primera vez que nos dimos cuenta de la existencia de tal fuerza. ¡Era jodidamente improbable encontrar una tienda de esas a las 8 y pico de la mañana abierta y con rebajas al 50%! Compramos dos tiendas y nos fuimos a un camping apartado de la ciudad (había que coger un barco que cruzaba el río).
Plantamos las tiendas, nos duchamos y dormimos. Por fin un poco de paz.
Segundo día
Descansados y limpios nos dirigimos a la ciudad.Comimos unos bocadillos frente a un canal y nos pateamos la ciudad: sus canales, mercados de flores, sus calles céntricas, sus plazas llenas de artistas, el nombre de la ciudad con letras gigantes… Y al oscurecer volvimos a pasear por el Barrio Rojo, esta vez más detenidamente. Nunca había visto nunca nada parecido. ¡Cuánto hemos de aprender de esta gente! Las chicas se exhiben tranquilas, tienen sistemas de seguridad y cotizan en la S.S (¡y cobrando 50 euros por 20 minutos a saber cuanto dinero sale de ahí!) Los clientes entran y salen, como con cualquier otra tienda. Hay unas cuantas calles, y nos las recorrimos todas viendo todo tipo de mujeres: desde chicas normales hasta otras que parecían estrellas del porno o modelos, prostitutas maduritas, transexuales, negras, latinas, obesas… Luego aún cansados de la noche anterior y ligeramente preocupados por el horario del transbordador volvimos al camping a dormir. También cenamos bocadillo, esta vez tipo sándwich de mortadela (de una marca baratísima llamada JA!)
Tercer día
Nos levantamos frescos, era nuestro último día en Ámsterdam. Tomamos la económica decisión de abandonar el camping y dormir esa noche de nuevo en la estación. Nos marchábamos a Munich al día siguiente y era más problemático volver al camping de noche y salir de buena mañana que dormir en la estación.
Dejamos las mochilas en las taquillas de la estación y seguimos pateando la ciudad a falta de consenso financiero para realizar una actividad. El día anterior se había rechazado un espectáculo erótico por precio, también se rechazó ir a la fábrica de Heineken y también alquilar bicis y recorrer la ciudad. Para comer tocó sándwich de JA! Esa tarde después de informarse cual eran los mejores, algunos miembros se animaron a probar el famoso y típico “bocadillo de setas”. Se las comieron en un parque junto al resto de miembros. ¡Fue una gran tarde!
Cenamos lo mismo que comimos y nos fuimos a “Rembrandtplen o plaza de Rembrandt” en busca de fiesta. ¡Y vaya si la encontramos! Resulta que esa semana era la AMSTERDAM GAY PRIDE o algo así. La plaza era un fiestón (gay) pero fiestón. Un gran escenario con música a tope y a petar de gente. Tomamos unas copichuelas en la plaza y fuimos también por los alrededores. Altavoces en las calles,carpas y a petar de ambiente.
Nos metimos en varios pubs y no pintábamos nada en ninguno. Andreu, Claudi y Marc propusieron ir a una discoteca conocida pero valía 15 euros y ni a Bernat ni a mí nos apetecía. Así que nos separábamos y quedamos a las 6 de la mañana en la estación de nuevo. Bernat y yo fuimos a más garitos, de ambiente y de heteros hasta que llegó un momento de la noche en que nos separamos. Seguí dando vueltas por esa desconocida ciudad. Volviendo a Central Station, junto a un canal, un negro chocó conmigo y me vendió que se le había caído droga y que le tenía que pagar… Tenía mala pinta y me quería timar. Por suerte unos ingleses de por ahí me ayudaron hasta que se largó.
Dormí un rato junto a un montón de mochileros y mendigos mientras esperaba a que llegasen los demás. Descansamos como pudimos y por la mañana cogimos el primer tren hacia Munich (con un par de transbordos, en Frankfurt o en Sttutgart).
Munich:
Llegamos a Munich y nos fuimos directos al camping “The Tent” (el más barato, unos 8 euros la noche, no especialmente cuidado. Nos duchamos, cenamos sándwich de mortadela de nuevo, tomamos una jarra de cerveza alemana en el bar del camping y nos fuimos a dormir porque llovía un poco.
Segundo día:
Nos levantamos,
pillamos el tranvía y nos fuimos a ver la ciudad: empezamos por “Marienplatz” (famosa plaza céntrica, en el Ayuntamiento hay un carillón con miniaturas que a ciertas horas salen a representar una historia), palacios con estatuas de nobles antiguos, un memorial a un soldado de la primera guerra mundial y finalmente a el English Garden, uno de los parques urbanos más grandes del mundo. Paseamos por sus senderos, nos estiramos en sus enormes explanadas de césped, nos relajamos junto al pequeño río que pasa por su interior y hasta algunos nos bañamos en él. Para mi sorpresa la corriente es fuerte (https://www.youtube.com/watch?v=ge_7V6PEe40) ¡Hasta hay gente que hace un poco de surf! Luego nos fuimos a la Zona Olímpica y subimos una pequeña colina cercana para ver la ciudad. Una caminata no muy pesada y buenas vistas.

Después de comer durante 3 días sándwich de mortadela barata esa noche nos fuimos a cenar a la famosa cervecería Hofbrauhaus. Cenamos en un especie de comedor de colegio, a rebosar de gente. Nos partimos diferentes platos que estaban riquísimos y cada uno se bebió una jarra de litro de cerveza de la casa. Salimos de allí bien achispados solo con una jarra, aunque nos costó 7 euros. Volvimos al camping y esa noche llovió más.
Tercer día
Dormimos muchísimo y bastante mal porque la tienda no era precisamente muy impermeable. Por la mañana nos fuimos por nuestra cuenta a el campo de concentración de Dachau. Quizás fue el rollo que llevábamos ese día, que íbamos sin guía y con un solo audio guía o que ya estaba muy preparado pero no me impresionó especialmente. Aunque la alambrada y el sistema de seguridad me pareció horriblemente eficaz. Después de visitar el campo comimos otro pobre sándwich de mortadela y nos fuimos al Allianz Arena, el estadio del Bayer de Munich. Lo visitamos por fuera y entramos a alguna zona. Mientras volvíamos el cielo se oscureció y empezó a llover de nuevo… Tres días de lluvia… mala suerte. Al menos las mañanas habían sido provechosas. Cervecita en el camping mientras diluviaba y a dormir.
Por la mañana nos dirigimos a la estación para coger el tren hacia Berna.
Berna
Despu
és de un transbordo en Zurich, llegamos a Berna por la tarde. A estas alturas del viaje íbamos mal de presupuesto, Bernat había perdido su saco de dormir y estábamos muy cansados en general. Decidimos como caso excepcional que acortaríamos un día de RUTA.
Paseamos por la pequeña y preciosa ciudad. Aunque el centro financiero de Suiza es Zurich y tiene más importancia Ginebra, la capitalidad reside en esta pequeña ciudad de 140.000 habitantes. Cruzamos su río por el puente contemplando las hermosas vistas y fuimos a ver el Parque de los Osos. Junto al rió esta este pequeño parque vallado dónde viven osos. El Oso es el símbolo de la ciudad.
Subimos una colina para contemplar la ciudad. Arriba habían un par de restaurantes, césped mullido y diferentes “exiliados” que se reunían allí. Nos invitaron a una cerveza y nos fuimos de allí. Por la noche nos fuimos a dar otra vuelta y ver el parlamento y finalmente tomar una caña a un bar extraño (el único abierto a esas horas) y decidimos gastar nuestros últimos francos en cerveza. Nos astillaron 4 euros por un caña. Nunca he estado en un país tan caro como Suiza. Esa noche tocaba pasarla al raso. Primero decidimos alegremente coger cartones y irnos a dormir al césped mullido de la colina. ¡ERROR! Nos reímos con lo de los cartones pero al cabo de 2 horas hacía mucho frío y se convirtió en un infierno, bajamos de allí y dormimos los cinco acurrucados en un felpudo de un portal.

Vuelta a casa:
Unos cuantos trenes…. pasamos por Ginebra, Lyon, Aviñón, Montpellier, Perpiñán, Cerbere y un último tren de Portbou a Barcelona.
OTROS:
Presupuesto total: 425 EUROS (175 billete + 250 del viaje)
Cosas pendientes: ver bien París (entrar a el Louvre…) y Ámsterdam (bicis, Heineken…).
Genial la improvisación excepto tema horarios de trenes (pagamos la novatada para ir a París y a Ámsterdam).
Todos nos adelgazamos unos cuantos quilos. Ha sido la RUTA más dura con diferencia. Imposible durar más en esas condiciones.





