
Madrid, capital de España.
Ciudad con 3,1 millones de habitantes.
Sabía a dónde que iba.
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Alguien propuso Madrid y a los cuatro (Andreu, Albert, Claudi y a mi) nos pareció bien. Compramos los billetes de avión (Vueling: Barcelona-Madrid, 60 euros). Reservamos una habitación cuádruple en un hostal céntrico, en calle Princesa creo, a muy buen precio. Días después nos enteramos que Fat Boy Slim pinchaba ese fin de semana allí y aunque valía 30 euros la entrada, comprarla era de “cascamiento” obligatorio. Todo apuntaba a un viaje de fiesta loca: Fat Boy Slim, la fama de la movida madrileña y que coincidiríamos con grupo de amigas allí. Pero queríamos mucho más que eso: conocer la ciudad, arte, gastronomía. ¡A por todas!
Llegamos, nos instalamos y fuimos a patear. Por suerte Claudi ya había estado algunas veces así que teníamos un buen guía. No recuerdo el orden pero vimos por fuera el Congreso de los Diputados con sus leones, Puerta del Sol, Gran Vía, calle Mayor, la Cibeles… Luego nos dirigimos al Thyssen para ver un “Mondrian” y luego a descansar al Parque del Retiro. Nos apalancamos un rato viendo a los patos y las barquitas que van por el lago.
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De nuevo en marcha, vimos la Puerta de Alcalá y tomamos algo en el Mercado de San Miguel. Me gustó, combina mercado y tapeo con estilo. Después pateamos más, pasamos por Sol dónde se desarrollaba una manifestación prorépublica y nos nos fuimos a cenar a un local en Chueca recomendado por mi amiga Adriana: el Tigre. Increíble tugurio estrecho y lleno de gente. Cada cerveza cuesta 2,5euros pero viene con un plato de tapas. Nosotros compartimos los platos y nos quedamos llenos por 5 euros por persona. Una grata experiencia.
Luego fuimos ya a prepararnos para la salida nocturna. Nos tomamos unas copas en el hostal y nos dirigimos primero a la “zona de la Huerta”. Una zona llena de bares musicales. Había un ambiente más bien pobre para ser jueves noche en la capital. Alternamos en varios locales y decidimos cambiar de zona, nos hablaron de Malasaña, una movida más rockera y tal. Pensamos: «¿Por qué no?» Llegamos allí y tampoco encontramos mucha cosa. Nos metimos en un curioso bar rockero y la noche no dio para mucho más. Aunque yo estaba empeñado en continuarla en algún after como hubiese hecho Pepe Colubi. Nos fuimos a dormir.
Fue buena decisión volver. Nos levantamos pronto y pateamos hasta el Palacio Real, pero no nos apeteció pagar la entrada así que lo rodeamos por fuera igual que la Catedral de la Almudena que tampoco entramos porque estaba cerrada. De allí a Plaza Mayor, cerca de esta comimos bocata de calamares y luego al Museo del Prado. Enorme, necesitaríamos más de un día entero para recorrerlo y tampoco sabemos tanto de arte como para hacerlo. La sala de las Meninas a petar. De lo que vi lo que más me gustó fueron varios cuadros oscuros de Goya.
Al atardecer nos fuimos a un lugar de Madrid que me recomendó también Adriana. Se trata del Templo de Debod. Se trata de un templo que regaló Egipto a España en 1968. No pinta mucho en Madrid pero se encuentra en una posición elevada, lo iluminan y vimos un precioso atardecer al lado del templo y sus jardines. Es de los mejores momentos que recuerdo del viaje.

Me puse en contacto con mis amigas y quedamos después de cenar en su céntrico apartamento. Fuimos a cenar de nuevo a “el Tigre” pero había una larga cola para entrar, así que por unanimidad pecamos cual turistas sin criterio en el “Kentucky Fried Chicken” de la calle Mayor. Nos fuimos al piso de las chicas y empezamos a charlar, beber y jugar. Contentos y animados nos fuimos dirección al Teatro Kapital de Madrid. Famosa discoteca pija de 7 plantas. No se como llegamos íntegros porque por el camino a alguno/a de los 10 se le ocurrió empezar a cantar cánticos catalanistas y todos nos apuntamos. En la entrada a la discoteca nos pusieron pegas para entrar y después de un buen rato casi cuando nos íbamos nos dejaron pasar. ¡La entrada valía 20 eurazos! Menuda discoteca, plantas con diferentes tipos de música en plan palcos de teatro y en la última planta un sitio rollo chillout para fumar y charlar. Gran noche. Volvimos amaneciendo y alguno que otro bastante hecho polvo.

Nos levantamos tarde y perjudicados. Nos lo tomamos con calma y nos fuimos tranquilamente al museo Reina Sofía. Recuerdo algunas interesantes esculturas de Chillida. Esa tarde teníamos que ir a ver el Santiago Bernabeu pero estábamos reventados. Así que tarde tranquila para prepararse para la gran última noche.
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Nos tomamos una copa con calma y cogimos el bus. Fat Boy Slim pinchaba nada más y nada menos que en Fabrik. La segunda mejor discoteca del mundo ese año según Dj Mag. Tardamos un rato en llegar, entramos y empezamos a recorrerla. ¡Nunca había estado en una discoteca tan grande! El aforo de la discoteca es de unas 9.000 personas, en la sala principal caben casi 4000, casi el doble que la sala principal de Razzmatazz, Barcelona. Había espacios abiertos con toboganes, bar, ¡hasta nos encontramos un puticlub! Básicamente todos estaban en la sala principal. Después de un buen warm-up se puso a pinchar F.B.S durante 2 horas. Un set lleno de temas mezclados con música soul, disco y acompañado de proyecciones. Espectacular. Una vez que finalizó su set ya empezamos a notar el bajón. Contentos y agotados volvimos a la pensión. Salimos pronto a Barcelona así que no podríamos dormir mucho… Nos levantamos tardísimo corremos y conseguimos llegar al avión.
Otros:
FBS pinchando en Fabrik: https://www.youtube.com/watch?v=FeVypgL_IQI&feature=youtu.be
Me gusta el acento madrileño. Lo encuentro más elegante que el acento catalán, andaluz, gallego, vasco…
El bocata de Calamares no es para tanto. Está sobrevalorado.
En cada viaje queda algo o mucho pendiente. En este me hubiera gustado ver el Santiago Bernabéu, ver y comer por «la Latina», otro día en el Prado y comer los famosos churros de chocolate de San Ginés. Madrid da para mucho.
Este, es uno de los viajes en que mejor he combinado fiesta, patear, arte, comida…
Por último dar las gracias a Adriana por sus recomendaciones.
