Una de mis debilidades son los vuelos que ofrecen las compañías aéreas low-cost pero como medio de transporte, sin duda alguna, mi predilecto es el tren. Si se dispone de tiempo, las ventajas que ofrece viajar sobre railes son muy numerosas: la localización de las estaciones, escasos controles de seguridad y restricciones de equipaje, la observación del paisaje y la posibilidad de improvisar y bajarse en cualquier estación.
Cuando me ent
eré de la extensa red ferroviaria que dispone India (debido a la colonización británica) y que Indian Raylwais es una compañía con mas de un millón y medio de trabajadores (la mayor del mundo) y que da servicio a 5.000 millones de pasajeros anualmente lo tuve muy claro. Me desplazaría en tren por el subcontinente.
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El precio de los billetes se adapta a diferentes presupuestos ya que hay hasta 5 tipos de clases. Se puede viajar en cómodas literas con aire acondicionado y con las comidas incluidas o también en vagones rebosantes de gente sentado en un pobre asi
ento de madera o plástico.
En mis trayectos siempre he optado viajar en Sleeper Class. Se tratan de vagones de planta abierta con literas y ventiladores en el techo. Después de dos viajes introductorios (Mumbai-Agra, 24 horas, 1000km y Jaipur-Gorakphur 22 horas, 900km) me encontré preparado para el gran viaje. Varanasi-Mumbai-Hyderabat, 42 horas de tren más 7 horas de transbordo, eso hace un total de casi 50 horas que no es moco de pavo.
A priori puede parecer aburrido pero como decía Gandhi no hay mejor manera de conocer al pueblo indio que viajando en tren. Y es que ciertamente viajar sobre railes por India es toda una experiencia. En primer lugar por los vendedores ambulantes. Durante el día el tren parece un mercado, solo que al revés: los compradores están sentados y los vendedores van pasando vagón tras vagón ofreciendo sus mercancías. Las estrellas del rock son los vendedores de té con leche que sirven al grito de “chai” esta dulce bebida de masas en pequeños vasitos. También sirven cafés, aguas y refrescos. Gastronómicamente no se puede decir que sirvan delicatesen pero hay una gran oferta: bandejas de arroz, samusas, frutos secos, palomitas, patatas fritas, frutas, caramelos, bocadillos… pero la oferta va mucho más allá de las necesidades más básicas de los pasajeros: cepillos de dientes, periódicos, linternas, juguetes, imanes, candados… Sea lo que sea lo que ofrezcan los vendedores se convierten en una distracción (y tentación) para el pasajero.
Independientemente del producto todos los desechos tienen el mismo destino: acabar en la vía del tren después de ser arrojados por la ventana. Este cómodo y antiecológico sistema es chocante para el hombre occidental pero uno se adapta rápidamente. Los mendigos y travestis también forman parte de la fauna pidiendo limosnas. Pero de todos los que piden los más curiosos son un tipo de sacerdote, por llamarlos de alguna forma, que se dedican a repartir bendiciones con una pequeña vara.
Pero no todo son alegrías querido lector pues hay algo terrorífico en los trenes, los lavabos. Si, esos pequeños, apestosos y sucios infiernos que se encuentran entre vagón y vagón. Imprescindibles de ver. Su composición es bien sencilla; una letrina “turca” en el suelo, un espejo sucio y un grifo deficiente. Si uno tiene suerte no se encontrará una hez decorando el mugriento suelo y obviamente no hay jabón ni papel. Después de la visita de rigor a los lavabos es recomendable volver a la litera, abrir bien la ventana y disfrutar del aire fresco y de los paisajes que ofrece la India durante estos trayectos, sean enormes extensiones naturales, infinitos campos de arroz o suburbios insalubres.
Los extranjeros que viajen de esta forma pueden tener la suerte de ser “adoptados” durante el trayecto por una familia india. En el caso que eso ocurra, le darán consejos y le invitarán a todo tipo de comida tradicional, siempre con una sonrisa en la
boca.
El padre de la familia que me ha acogido esta vez me ha comentado que existe un tren, el Himsagar Express, que recorre toda la India (3700km desde el Himalaya hasta el Océano en casi 3 días). Va a ser el viaje en tren definitivo.
Nota adicional: El trayecto Varanasi-Hyderabat se podía hacer directo sin pasar por Mumbai pero debido a la festividad hindú, Navaratri, los trenes estaban llenos.
